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CUANDO PIENSO: PATRIA...
 

Cuando pienso: Patria...

Cuando pienso: Patria -me expreso y me arraigo;
el corazón me habla entonces como de una secreta frontera  que va de mi hacia los otros,
abrazándonos a todos en un pasado más antiguo que nosotros.
Es de ese pasado -cuando pienso:
Patria- de donde emerjo para  aprisionarlo dentro de mi como un tesoro.
Sin cesar me pregunto cómo multiplicar, cómo ensanchar  el espacio que comprende.
 

Cuando oigo hablar diversas lenguas...

1.
Cuando escucho en torno mio diversas lenguas, siento crecer las generaciones,
aportando cada una un tesoro de su tierra, -cosas antiguas y cosas nuevas.
La tierra se vuelve un canal de luces que brillan profundamente en los hombres,
ríos iguales que corren con agua siempre igual y siempre nueva;
el torrente del lenguaje en torno a la tierra arrastra en su crecida la historia.
Las aguas de los ríos manan hacia abajo, el torrente del lenguaje monta hacia la cima.
La cima, es todo hombre que surge de la tierra, todo hombre es la cumbre.
La cumbre se levanta a la vez por encima de cada uno y de todos,
se levanta siempre más escarpada, se mete cada vez más en las conciencias.
 
2.
Cuando se escuchan en torno diversas lenguas,
una sola -la propia- tiene resonancia para nosotros.
Ella se clava en el pensamiento de las generaciones,
se derrama alrededor de nuestra tierra,
se convierte en el techo de la casa en donde estamos reunidos.
Fuera de esta casa, resuena raramente
(en los grupos de hombres que hablan a nuestro alrededor,
islas en el oceano de la palabra universal, no encuentro ya mi propia ola).
Los activos de mi tierra no han aumentado; si el lenguaje ha manado más allá,
es para perderse en canales que se secan.
La lengua de mis padres, aquella de naciones que no lo han acogido:
que han dicho ''demasiado difícil'', ''superfluo".
En las grandes asambleas de los pueblos, hablamos otra lengua que la nuestra.
Nuestro propio lenguaje nos encierra entre nosotros:
nos reúne, pero no nos abre el mundo.

3.
Así, reunidos por el mismo lenguaje, vivimos de sumergirnos hacia nuestras raíces,
de esperar el fruto de las maduraciones y las crisis.
Estrechados día tras día por la belleza de nuestra lengua,
no resentimos nada de amargura,
aunque nuestros pensamientos ya no tengan venta en los mercados del mundo,
pues nuestras palabras son demasiado caras.
¿Alimentamos el deseo de cambios más profundos?
Pueblo viviente en el corazón de su lenguaje, de generación en generación,
misterio de un pensamiento no cabalmente decifrado.
 

Escucho todavía zumbar la guadaña...

Cuando pienso: Patria -escucho la guadaña golpear al muro de trigo.
que forma un todo con la altura celestial.
Pero los segadores, que introducen en ese muro la monotonía de los sonidos
y la articulación violenta de los gestos: están segando...
 

Penetro al corazón del drama...

1.
Más allá del lenguaje, está el abismo.
¿Será esta una debilidad ignota que adquirimos entre nuestros padres
y que la hemos heredado?
¿Es preciso siempre conquistar la libertad, no se puede simplemente poseerla?
Nos llega como un don, pero se mantiene con la lucha.
Don y lucha se inscriben en nuestras cartas secretas, y sin embargo evidentes.
Tú pagas tu libertad con toda tu persona. Nombra pues la libertad:
pagando siempre de nuevo tu precio, puedes siempre estar en posesión de ti mismo.
Con un pago así, entramos en la historia, podemos alcanzar los siglos.
¿Entre las generaciones,
dónde está la línea que divide a aquellos que no han pagado el precio,
de aquellos que han pagado demasiado?
Y nosotros, ¿de qué lado estamos?
En el pasado, una voluntad así de autodeterminación
¿no estaba por encima de nuestras fuerzas?
¿No llevamos sobre nosotros el peso de la historia como una columna,
cuya grieta no ha podido cerrarse?

2.
Patria: desafio de esta tierra, para los antepasados y para nosotros,
para que determinemos el bien común
y cantemos la historia usando las palabras de nuestro lenguaje, como un estandarte.
El cántico de la historia se eleva de los actos fundamentados sobre la roca de la voluntad.
En la madurez de nuestra autodeterminación, juzgamos nuestra juventud,
el tiempo de las particiones, y la edad de oro.
La libertad dorada fue juzgada por nuestra servidumbre.
Sentencia proclamada por los héroes seculares:
se encaraban al desafío de la tierra como al de la noche oscura, gritando:
"¡la libertad es más preciosa que la vida!"
Hemos juzgado a nuestra libertad más equitativamente que otros
(ha hablado el misterio de la historia):
sobre el altar de la autodeterminación ardían las víctimas de los tiempos
un grito de libertad más fuerte que la muerte.

3.
¿Podemos rechazar un llamado que nos ahoga como un torrente
entre riberas demasiado escarpadas y demasiado altas?
¿Podemos medir nuestra libertad a partir de la libertad del prójimo?
-Lucha y don-
¡Vosotros, que habéis ligado vuestra libertad a la nuestra, perdonadnos!
¡Y ved! -nuestra libertad y la vuestra, continuamos descubriéndola siempre nuevamente,
como un don que nos llega, una lucha que no tiene fin.
 

Refrán

Cuando pienso: Patria,
busco el sendero que divide los flancos de la montaña
como un cable de alta tensión sobre las alturas.
Así corre la Patria, abrupta, en cada uno de nosotros, sin permitir detención alguna.
El camino recorre las mismas vertientes, vuelve a los mismos lugares,
se convierte en ese gran silencio,
que visita noche tras noche los pulmones fatigados de mi tierra.
 

Pensando: Patria, vuelvo al árbol...

1.
El árbol del conocimiento del bien y del mal ha crecido
al borde de los ríos de nuestra tierra, ha crecido junto a nosotros en el curso de los siglos,
ha crecido en la Iglesia con las raíces de nuestras conciencias.
Hemos dado frutos que pesan y frutos que enriquecen,
hemos sentido el tronco hendirse hacia lo profundo, aunque esté enraizado en la misma tierra...
La historia cubre las luchas de las conciencias con una capa de acontecimientos.
En esta capa, victorias y derrotas palpitan. La historia no las recubre, las hace surgir.
¿Puede ella ir a contra corriente de las conciencias?

2.
¿Hacia qué lado se ha ramificado el tronco?
¿Hacia qué costado se inclinan las conciencias?
¿Hacia dónde crece la historia de nuestra tierra?
El árbol del conocimiento no conoce límites.
La única frontera sería el Advenimiento,
que unirá en un solo cuerpo las luchas de las conciencias con los misterios de la historia,
y cambiará al árbol de la sabiduría en Fuente brotante de Vida.
Pero hasta que llegue ese Advenimiento, en todo pensamiento y en todo acto,
cada día se revela la misma fisura;
es a partir de ella como en las raíces de la historia crece la Iglesia de las conciencias.
 
3.
No debemos perder de vista esta transparencia que acompaña a todo lo que nos llega,
perdidos en la torre inconmensurable en donde el hombre sabe, a pesar de todo,
hacia dónde se dirige. Unicamente el amor equilibra al destino.
No debemos extender las dimensiones de la sombra. Que la luz llegue a los corazones,
que ilumine las tinieblas de los tiempos. Que un torrente de fuerza penetre a la debilidad.
No sabríamos resignarnos a ser débiles.

4.
Débil es el pueblo si acepta su derrota,
si olvida que le fue ordenado velar hasta que llegue su hora.
Pues en el inmenso reloj de la historia, la hora siempre llega.
Esta es la liturgia de la historia. La vigilia es Verbo del Señor y verbo del Pueblo,
palabra siempre aceptada nuevamente.
Las horas se convierten en el salmo de las conversiones que no concluyen:
estamos en marcha para participar en la Eucaristía de los mundos.

5.
Tierra, a ti descendemos,
para dilatarte en todo hombre -tierra de nuestras derrotas y nuestras victorias,
que asciendes en todos los corazones en un misterio pascual.
Tierra, que no cesas de ser una partícula de nuestro tiempo.
Ya que conocimos una nueva esperanza,
vamos atravesando este tiempo en la búsqueda de una tierra nueva.
Y a ti, vieja tierra,
fruto del amor de las generaciones, te elevaremos con un amor que sobrepasa al odio.
 
 

                                                            Karol Wojtyla


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